BLOCKS, La Pesadilla de la casa propia

 

Desde el inicio de los tiempos, desde que el hombre está en este planeta, se ha debido enfrentar al desafío de trabajar socialmente el devenir del mundo. Asimismo, desde que el mundo se
ha organizado socialmente en Estados, podemos reconocer problemas comunes que en cada continente y en cada país toman características diferentes. La cuestión que estamos aquí tratando, es el problema habitacional en Latinoamérica. Este problema es una consecuencia clara de la falta de políticas públicas existentes adecuadas a la realidad socioeconómica y cultural de los destinatarios de los proyectos. Eso ha quedado clarísimo en todas las presentaciones anteriores 1.

Sin embargo, me gustaría marcar cinco puntos esenciales a la hora de pensar el problema habitacional en Latinoamérica. El primero de ellos, es que no se trata simplemente de construir ciertas cantidades de unidades habitacionales, sino de reelaborar la relación entre la ciudad, la urbanidad y el espacio público de calidad a través de los proyectos. En segundo lugar, es clave distribuir ese derecho democráticamente en el territorio, de manera que todos puedan tener acceso a las oportunidades que ofrece la ciudad, y no sólo los que tienen dinero para pagar una cuota mensual. La tercera cuestión que el problema habitacional coloca es que las unidades habitacionales deben ser ellas mismas portadoras del DNA de lo urbano; deben ser conductoras del componente básico de lo urbano. Por eso es necesario construir ciudades deseables de ser vividas por todos y no sólo por una parte de los ciudadanos. Una cosa es andar por los barrios aquí cerca de la facultad2 o Providencia, por ejemplo, y otra cosa son los barrios que visitamos ayer3. Al compararlos vemos que son dos ciudades de dos países totalmente diferentes, que no tienen nada que ver una con la otra; inclusive no se entiende cómo dos entornos tan radicalmente diferentes están dentro de la misma ciudad.

Un cuarto aspecto central a la hora de abordar el problema habitacional es encontrar un punto de equilibrio que permita intensificar el uso de las áreas urbanas de forma aceptable, ambiental,
económica y socialmente hablando. Se trata de reorientar las transformaciones socioespaciales en la concepción de ciudades que no estén ni extendidas indefinidamente-porque la baja densidad no permite intercambios sociales que favorezcan la evolución social y combatan la anemia urbana, la falta de potencia de las periferias- ni excesivamente compactas, porque ahí se crean los problemas de contaminación, de pocos espacios abiertos y de falta de verde. El quinto punto, ligado a estoúltimo, es que es necesario, mediante las intervenciones del poder público, contribuir a equilibrar la relación verde - masa construida. Lo importante es componer, mediante el contrapunto vertical/horizontal, ni solamente tiras, ni solamente torres, sino tira y torres en una relación
armónica. El verde, como vimos ayer en nuestro recorrido, está completamente ausente en losbarrios periféricos y si existe, es muy pequeñito y no tiene la escala necesaria para producir un
contrapunto entre lo edificado y lo vegetal, que es una de las condiciones para tener lugares, barrios y edificios habitacionales de calidad.

Jorge Mario Jáuregui