REFLEXIONES A PARTIR DE LA PANDEMIA Y SU CONTEXTO

 

Rio de Janeiro, 24 de julio de 2020

Desigualdades

 

Como es conocido, en toda América, del norte al sur, se trata de sociedades muy desiguales que tienen la huella de la esclavitud, el racismo, la violencia y la pobreza como trazos constitutivos.

Desde su origen, cada país en mayor o menor grado, exhibe estas marcas que lo identifican y que permanentemente provocan revueltas, manifestaciones y protestas de todo tipo, que son el síntoma de un malestar de base, nunca resuelto.

A lo largo del tiempo, diferentes interpretaciones buscaron entender y proponer caminos para enfrentar esos males.

Podríamos decir que, desde el periodo post colonial hasta hoy, la característica marcante de este continente es el embate entre “desarrollo”, inclusión, democracia y busca de igualdad de derechos y oportunidades para todos, pueblos originarios y los que llegaron después.

En las ciudades que fueron surgiendo y ahora también en las megaciudades y conurbaciones, el trazo de la exclusión fue identificando las diferentes partes y sectores urbanos, materializando áreas “nobles” y áreas marginadas.

La pandemia actual vino a evidenciar esas desigualdades y tornar imprescindible una rectificación de rumbos, basada en principios verdaderamente democráticos de disfrute de la urbanidad para todos, entendido como una forma de convivencia de las diferencias en sociedades heterogéneas, donde el más desprotegido tenga el amparo de la justicia.

Una idea de justicia social que implica pensar lo colectivo teniendo al Estado como árbitro, construyendo colectivamente un concepto de igualdad, trabajando a partir de los conflictos, entendiendo que no hay una razón única.

El objetivo ahora, es conseguir condiciones más equitativas y para eso debemos trabajar con una visión de urbanismo social que integre las diferentes dimensiones de los problemas, en cada escala de actuación de que se trate.

Hoy es imprescindible articular urbanismo social con políticas para la generación de trabajo y renta, defensa de la diversidad y protección del medio ambiente, buscando una reactivación económica verde y socialmente responsable.

 

Jorge Mario Jáuregui

Rio de Janeiro, 20 de julio de 2020

Lo estratégico y lo táctico

 

Hoy precisamos compatibilizar planeamiento urbano (interés general de la ciudad; lo estratégico) con organización de la vida urbana post pandemia (lo táctico). La evolución general de la ciudad, respondiendo a las mayores urgencias y ofreciendo al mismo tiempo un marco coherente para las acciones. En ese sentido se trata de pensar global (concepción) y actuar localmente (acción).

Siempre corrigiendo y encauzando lo resultante de la interacción social, anticipando los problemas creados por la acción del mercado y la actividad aislada de los habitantes, aproximando el concepto a la ciudad real. “Planificar la ciudad implica pensar simultáneamente la pluralidad misma de lo real y darle efectividad a ese pensamiento de lo plural; es saber y poder articular”, Michel de Certeau, A invenção do cotidiano.

Esta simbiosis de la ciudad y del concepto de que siempre se trata, significa  un trabajo permanente de intersección entre fundamento teórico y práctica proyectual.

Teoría derivada de una reflexión permanente y de una práctica del proyecto a partir de la reinterpretación constante de la realidad. Teoría y práctica retroalimentándose. Re significación de lo existente y rectificación de rumbos.

Jorge Mario Jáuregui

Rio de Janeiro, 15 de julio de 2020

Densidades

 

A partir de ahora se tornó necesario revisar el manejo de las densidades tanto en los barrios formales como en las favelas y villas.

En los primeros, para facilitar el funcionamiento de acuerdo con el sistema infraestructural, el sistema viario readaptado, la característica de los ejes de comercio y servicios, y el sistema de transporte público, garantizando lo que se convencionó en llamar “la ciudad de los 15 minutos”. Revisando y readecuando la disponibilidad de espacios públicos y áreas de convivencia, observando los protocolos de distanciamiento físico entre las personas.

En las villas y favelas, resolviendo el hacinamiento y controlando los locales de aglomeración, especialmente las calles comerciales y los puntos de concentración de acceso al transporte público, principales locales de contagio.

Densidad es una magnitud que expresa la cantidad de habitantes en una determinada superficie. En urbanismo se habla generalmente de habitantes por hectárea o por kilómetro cuadrado.

Puede compararse la capacidad de un edificio de albergar diferentes actividades con tamaños y necesidades diversas, o la cantidad de usos y espacios complementarios que lo conforman.

El fenómeno de la densidad debe entonces ser observado desde diversos ángulos, según la característica de cada localización y contexto de que se trate.

Al entender la necesidad de densificar, compactar y garantizar la conectividad del sistema urbano, por razones de interacción social, eficiencia en el desempeño de las funciones y de costo de extensión de las redes infraestructurales, las densidades se tornan una cuestión fundamental.

Los procesos socio-económicos demandan permanentemente la adecuación de los espacios urbanos, existentes y a ser creados.

El crecimiento urbano desbordado, la escasez de suelo y las nuevas formas de habitar la ciudad exigen pensar nuevas soluciones para atender a las demandas de habitabilidad, privacidad y trabajo en casa. Más que nunca resulta necesario pensar los proyectos en relación con el aporte urbano que puedan realizar, como piezas que construyen ciudad y no como inserciones aisladas indiferentes al lugar donde se insieren.

La densidad de los proyectos es un concepto relativo que depende de la ubicación dentro de contextos determinados. Por lo tanto, para manejar las densidades es indispensable considerar la ubicación y los elementos que componen su entorno.

La manera en que un proyecto se implanta en un solar define una serie de relaciones que activan diversas formas de entender y reconfigurar el espacio urbano.

Por lo tanto, el proyecto debe transcender sus características físicas a fin de convertirse en un elemento de la construcción de entornos amables para una sociedad cada vez más heterogénea.

Todo deberá estar de acuerdo con el contexto y la escala de que estemos tratando, pequeña, media, grande o territorial.

Jorge Mario Jáuregui

Rio de Janeiro, 08 de julio de 2020

Inestabilidades estructurales...

 

De repente el mundo evidenció sus inestabilidades simultáneas en varios órdenes. Se tornó más inestable en lo político, en lo económico, en lo social, en lo urbano, exhibiendo un malestar generalizado. Malestar en la cultura y en la civilización, como he venido colocando y caracterizando a lo largo de estas reflexiones.

Por otro lado, hay la demanda por una expansión del pensamiento, un ensanchamiento de las cuestiones a ser tratadas, abordadas, encaradas, que exige una “movilización de la inteligencia social”, que exceden lo individual y convocan lo colectivo. Pero donde cada uno de nosotros tenemos una responsabilidad.

Una inestabilidad general que parece reducir el horizonte, que abre demasiados interrogantes simultáneos y donde es fácil perderse en ese laberinto.

Vivimos un momento de sobresaltos, de incertezas y de bajas expectativas, que exige nuevas argucias y nuevos conceptos. Hay que elaborarlos…

Pero no partimos de cero; hay mucha experiencia acumulada. Hay que juntar los fragmentos… repensando, resignificando, reelaborando…

¿Futuro en abierto?

El momento es barra pesada… los buitres andan rondando…

Es necesario juntar las iniciativas progresistas. Empecemos desde América Latina. Auto convocándonos…

La urgencia de lo socio-espacial en el Continente lo demanda.

Jorge Mario Jáuregui

Rio de Janeiro, 24 de junio de 2020

Favelas

Es necesario cambiar de política pública: de la acción policial, para la acción social.

Con una policía de proximidad (policía comunitaria), infraestructura, urbanismo social, médico de familia, equipamientos y espacios públicos y generación de trabajo y renta, con habitación social de calidad, incluyendo las pautas de diseño post pandemia en la escala adecuada a cada contexto.

La favela (o la villa) no es un territorio a ser “invadido”, “ocupado” por la policía sino un lugar compuesto por un delicado equilibrio entre lo físico y lo social, que es necesario tratar con políticas públicas bien estructuradas, consistentes, capaces de resolver los complejos problemas ambientales, infraestructurales, habitacionales, de movilidad, de salud y de falta de equipamientos y espacios públicos que lo caracterizan.

Se trata tanto de resolver las mayores urgencias como de formular estructuraciones socio-espaciales capaces de ecuacionar su evolución en el tiempo, actuando en el corto, medio e largo plazo.

Para conseguir eso se precisa de un poder público articulado en sus tres niveles (federal, provincial y municipal) actuando de manera coordenada con el resto de los organismos públicos que deberán participar, convocando a la iniciativa privada, el tercer sector y fundamentalmente, las organizaciones de base que ya actúan en cada lugar.

La favela es un lugar de carencias físicas pero de enorme riqueza de interacción social. Un territorio productivo que hay que saber interrogar y movilizar, potencializando su capacidad productiva, de acuerdo con la escala de cada lugar específico.

Las favelas de América Latina son un desafío y una oportunidad para la innovación, la creatividad y la producción, a través de la puesta en acción de la inteligencia social existente en cada país.

En tiempos de pandemia lo importnate es el poder público llegar hasta cada casa de los residentes, con un abanico de políticas públicas bien estructuradas, sanitárias, urbanas, habitacionales y de generación de trabajo y renta.

Jorge Mario Jáuregui

Rio de Janeiro, 03 de junio de 2020

Antropoceno

 

Término utilizado por primera vez en los años 80 para indicar la época geológica caracterizada por la gran escala de la acción del hombre sobre el planeta y que adquirió un rol central en el debate intelectual contemporáneo.

Implica re direccionar el modo en que la acción humana modifica el propio hábitat, especialmente el impacto causado por los asentamientos urbanos sobre el territorio, el paisaje y el medio ambiente, en el sentido de proponer otras relaciones entre clima, tierra, naturaleza y sociedad.

Llevando también la reflexión a la política y a la sociedad civil, proponiendo nuevas agendas para el abordaje de lo urbano y lo social partiendo de soluciones para problemas específicos, indicando vías de acción en lo socio-económico-espacial en las 4 escalas del urbanismo, de acuerdo a lo que vengo enunciando a lo largo de estas Reflexiones, específicamente en “políticas públicas”, “rojo y verde” y “lo urbano, lo habitacional, lo social”.

Jorge Mario Jáuregui

Rio de Janeiro, 27 de mayo de 2020

Momentum colectivo

   
  “De tudo ficaram três coisas...
A certeza de que estamos começando...
A certeza de que é preciso continuar...
A certeza de que podemos ser interrompidos
antes de terminar...
Façamos da interrupção um caminho novo...
Da queda, um passo de dança...
Do medo, uma escada...
Do sonho, uma ponte...
Da procura, um encontro!”
   
  Fernando Sabino

 

Hoy está claro que debemos conectar el consenso que fue construido a través de los movimientos en favor de la concientización ecológica y la emergencia climática, con la protección de la vida, apuntando para un horizonte civilizatorio más igualitario.

Las cadenas globales de producción y consumo fueron afectadas, interrumpidas, y será decisiva la forma en que serán retomadas. Hay un desafío latente referido a como, de qué manera podremos reorientar tanto la producción como el consumo,

introduciendo profundas modificaciones y cambiando los hábitos, yendo del individualismo para la inclusión del otro. En la dirección de un individuo abierto al otro, lo que implica reconstruir la propia noción de individuo.

Con el avance tecnológico hay hoy oferta de trabajadores de más y empleos de menos. Y al mismo tiempo vivimos una extraña “calmaría” en estos días de virus sin control, donde la inercia convive con lo inusitado.

Todas las economías humanas que fueron encuadradas en la ley del neoliberalismo, esto es, producir-consumir-siempre tener más, con su imperativo del lucro donde todo tiene que ser “rentable”, incluyendo actividades que no existían bajo el mandato del lucro, deberán ahora ser repensadas y reorientadas en nueva perspectiva.

La lógica de la acumulación infinita entró en crisis: ¿definitiva?

Dependerá de nuestros actos y de nuestras respuestas.

En las áreas del urbanismo, la habitación y el paisaje, se trata de la articulación de ciudad, urbanidad, habitabilidad, salud, trabajo, esparcimiento e integración de los diferentes sistemas de movilidad, con foco en la resolución de las mayores urgencias.

A partir de la pandemia y en relación con las urgencias, se trata de resolver el hacinamiento y la infraestructuración de los asentamientos precarios en primer término.

Ya se cuenta con suficiente experiencia y medios técnicos para hacerlo.

Falta tomar las decisiones necesarias.

Jorge Mario Jáuregui

Rio de Janeiro, 19 de mayo de 2020

Trabajar solidariamente el devenir del mundo...

La filosofía colabora en la reflexión y elucidación de lo que hacemos, individualmente, y como sociedad. La filosofía “pregunta” preguntas, provoca preguntas, y por ese motivo es fundamental para un arquitecto urbanista.

Tiene que ver con la aptitud de disponer un lugar intelectual de abrigo y acogida para producir la configuración susceptible de “componibilidad” de conceptos. A través de la producción de conceptos y reglas para el pensamiento, la imagen tiene que ver con el “cómo”. La filosofía se identifica con ese espacio general de acogida para el pensamiento.

Del punto de vista filosófico, nosotros solo podemos pensar aquello que interesa. Esto implica un “principio selectivo”: solo cabe pensar lo que es necesario. Y lo que es necesario, es hacer composiciones problemáticas con otros campos de saber.

En determinado momento dentro de una disciplina una comunidad “tira” para el mismo lado porque se comparten ideas. Hasta determinado momento existe un modo en común de ver la realidad, y de pronto se tornan evidentes problemas irremediables que no pueden ser resueltos por el camino que estábamos siguiendo. Esto obliga a cambiar de paradigmas, a cambiar el modo de ver la realidad, como precisamos hacer ahora. Aparece así la inconmensurabilidad. Thomas Kuhn señaló que hay un “lado claro” para justificar la instalación de un paradigma, pero que hay también un “lado oscuro”, que es lo que tiene que ver con el poder. En los paradigmas, por este motivo, se juegan también otras cosas.

En la modernidad, el paradigma se manifiesta primero en la física a través de la noción de espacio. Hay un “espacio vacío” donde acontecen choques y rebotes, caracterizados por movimientos al azar y por trayectorias. Lo que implica azar y caos. Desde nuestro campo de interés, movimientos ordenados por leyes que podemos predecir. El hombre “moderno” buscó ser eficiente. Nosotros podemos pensar la pregunta: ¿la arquitectura moderna respondía a ese paradigma?

El paradigma moderno pretendía “transparentar” las cosas. El segundo principio de la termodinámica implica que “vamos perdiendo energía”; es la entropía. Y la noción de caos implica que la causa puede ser insignificante y el efecto gigante. Hoy tenemos que actuar desde la emergencia, que remite a una multicondicionalidad que impide la simplificación de una “causa principal”. Actualmente debemos lidiar con emergencia, multicondicionalidad e incertidumbre (el azar de la imprevisibilidad, lo que tiene un punto de contacto con la creatividad).

El sistema del que se trata ahora es aquel donde la energía se disipa y los equilibrios son inestables. El nuevo paradigma tiene que dar cuenta de la complejidad, y ser de tipo relacional. Comprendiendo una trama de relaciones que en última instancia tiene que ver con “la trama de la vida”. Como consecuencia de todo esto, aparece la imagen de la frontera que, como sabemos, es de doble raíz, de doble matriz. Incluye al mismo tiempo separación y reunión. Hoy, un lugar privilegiado de reflexión teórica y de experimentación proyectual, tanto en lo urbano como en lo arquitectónico y en lo relativo al paisaje.

Por otro lado, hay un dinamismo en la sociedad y el espacio entró en crisis, se tornó problemático.

La velocidad se tornó algo esencial, y junto con eso, la movilidad y la información.
La ciudad es como una caja de velocidad; posibilita muchas velocidades y este hecho dificulta la construcción de una subjetividad. Estamos en el medio de una gran mutación de la subjetividad, que a partir de ahora se acelera todavía más.

El pensamiento estético implica consistencia visual y consistencia intelectual.
El pensamiento debe ser estético. La pulsión estética debe hacer parte desde el primer momento, desde el primer movimiento de concepción del proyecto; desde el primer impulso para la construcción de las hipótesis proyectuales. Esto exige considerar simultáneamente el procesamiento de las demandas, el cruzamiento con las restricciones de todo tipo que interfieren en cada proyecto, componer con otros saberes, y realizar la lectura de la estructura de cada lugar de intervención, tanto en sus potencialidades como en sus limitaciones, fuera de cualquier “hábito” del pensamiento.

 

Jorge Mario Jáuregui

Rio de Janeiro, 13 de mayo de 2020

El malestar en el actual momento de la civilización

Sigmund Freud define la cultura como la suma de operaciones y normas que distancian nuestra vida de la de nuestros antepasados y que sirven para dos fines: la protección del ser humano frente a la naturaleza, y la regulación de los vínculos recíprocos entre los hombres.
Y lanza una pregunta: si el desarrollo cultural logrará, y en caso afirmativo, en qué medida, dominar la perturbación de la convivencia que proviene de la humana pulsión de agresión y de auto aniquilación.
Nuestra época merece quizás un particular interés justamente en relación con esto, escribe Freud en 1930. Hoy los seres humanos han llevado tan adelante su dominio sobre las fuerzas de la naturaleza que con su auxilio les resultará fácil exterminarse unos a otros, hasta la última persona. Ellos lo saben, de ahí buena parte de la inquietud contemporánea, de su infelicidad, de su talante angustiado, dice él.
Freud concluye expresando su duda sobre quien finalmente triunfará en el combate entre pulsión de vida y pulsión de muerte en lo humano.

A partir de esto quisiera actualizar y traer para nuestro momento la manifestación del malestar del que nos habla Freud, que hace síntoma en distintos campos:

  • Malestar Político (manipulación de la opinión pública con noticias falsas),

  • Malestar Económico (aumento de las desigualdades, provocado por el neoliberalismo),

  • Malestar Social (exacerbación de las diferencias; intolerancia; racismo; xenofobia; rechazo a los inmigrantes),

  • Malestar Ambiental (contaminación, polución, incendios, calentamiento global, agotamiento de las fuentes de recursos),

  • Malestar Urbano (ciudades divididas entre sectores formales e informales, con grandes áreas sin calidad urbanística, arquitectónica, paisajística y ambiental),

  • Malestar en la Civilización (apropiación de la idea de progreso por la ciencia; pero el conocimiento científico no es más considerado como factor de civilización),

  • Malestar en la Subjetividad (pacto del progreso con la barbarie, evidenciado hoy en varios países).
  •  

    La necesidad de la política

    Considerando que la primera función de un sistema político democrático es regular las diferencias y divergencias entre los ciudadanos para que las personas puedan vivir juntas en una comunidad organizada, sin el empleo sistemático de la fuerza, y que la legitimidad de la acción del Estado depende de una aceptación general de sus procesos de toma de decisiones, entonces, la movilización de la sociedad a partir de objetivos claros e incluyentes es la “terapéutica política” necesaria a partir del confinamiento, que evidenció todo tipo de conflictos que van desde el plano internacional a los comportamientos colectivos, la relación individuo-sociedad y el espacio doméstico.

    Para eso, necesitamos recolocar las cuestiones poniéndolas en condiciones de ser “ecuacionadas”.

    ¿Y qué es lo que debemos poner en relación en nuetras áreas específicas del urbanismo, la arquitectura y el paisaje?

    La cuestión es, partiendo de la situación actual, cómo pensar la rearticulación de la ciudad y la sociedad divididas, incluyendo:

  • lo socio-espacial y lo económico,
  • la ciudad y la habitabilidad,
  • las transiciones urbano-rural-rurbano,
  • el medio ambiente, lo productivo y el paisaje,
  • lo público-lo privado-lo semipúblico-lo semiprivado,
  • lo individual y lo colectivo,
  • lo objetivo y lo subjetivo,
  • lo ético y lo estético,
  • Y sus interrelaciones.
  • Jorge Mario Jáuregui

    Rio de Janeiro, 06 de mayo de 2020

    Políticas Públicas

    En relación con la retomada de las actividades en lo relativo al urbanismo, la economía y lo social, algunas acciones prioritarias pueden ser enunciadas:

    1. Establecer acciones ejemplares para la reactivación de las actividades económicas en la construcción, como fuente de generación de trabajo y renta,

    2. Retomar obras de infraestructura interrumpidas, apoyando la manutención de los empleos,

    3. Retomar la construcción de habitación de interés social en los ámbitos nacional, provincial y municipal, priorizando el uso de insumos de cada región,

    4. Apoyar a las organizaciones populares en cada barrio vulnerable, para la retomada de las actividades productivas, estableciendo medidas para la vida comunitaria organizada, con énfasis en la reordenación de espacios de uso común y de convivencia,

    5. Implantar Centros de Generación de Trabajo y Renta a nivel municipal en los barrios populares y favelas, en la escala de y de acuerdo con cada contexto,

    6. Impulsar programas de Economías Solidarias,

    7. Desarrollar acciones de Mejorías Habitacionales en los barrios vulnerables,

    8. Implementar programas de nuevos experimentos de vivienda en Latinoamérica, coordinados por Ministerios de Habitación, incluyendo financiamiento también a través de cofunding, llevando en cuenta nuevas directrices derivadas del desempeño de los diversos tipos de residencias durante la pandemia,

    9. Revisar las pautas de design habitacional vigentes hasta el momento de la pandemia,

    10. Crear nuevos agrupamientos habitacionales con el ADN de lo urbano, en diferentes escalas, partiendo del análisis crítico de lo ya realizado en Latinoamérica principalmente.

    En lo habitacional, a partir de lo detectado durante la pandemia, las acciones deberán considerar:

    1. Reducir (y paulatinamente eliminar) el hacinamiento y la falta de privacidad en las unidades existentes; implemetar un amplio plan de “mejorías habitacionales” a escala de cada situación específica,

    2. Proyecto y construcción de nuevas unidades, prioritariamente colectivas, obedeciendo a las nuevas pautas derivados del análisis crítico del desempeño de diferentes tipologías, con densidades adecuadas a cada contexto,

    3. Yendo más allá de las consideraciones sobre el “déficit”,

    4. Repensar la “habitación de interés social”, con otros parámetros,

    5. Reevaluar los “modelos” vigentes; revisar las pautas de diseño,

    6. Análisis crítico del desempeño de las unidades existentes durante la pandemia,

    7. Refuncionalizar las azoteas de los edificios y casas, y potencializar los espacios residuales, accesos, vestíbulos, escaleras, etc,

    8. Propiciar el uso de espacios de carácter “restringido” en las edificaciones multifamiliares,

    9. Creación de Centros de Generación de Trabajo y Renda en las 4 escalas del urbanismo, como nuevos nodos articuladores, implantando iniciativas para la creación de “riqueza comunitaria”,

    10. Realizar nuevos “experimentos” urbanos y habitacionales (tipo Conjunto Los Andes, Conjunto Pedregulho, Parque Guinle, Previ-Lima, entre otras referencias).

    Jorge Mario Jáuregui

    Rio de Janeiro, 29 de abril de 2020

    Rojo y Verde

    En el camino hacia un nuevo marco para la convivencia civilizada.

    Tradicionalmente, el rojo está asociado a los movimientos sociales que defienden la creación de fuentes de trabajo y relaciones sociales basadas en la pertenencia al lugar. El verde, por su vez, tiene que ver con los movimientos, partidos y políticas que buscan defender el medio ambiente.

    Lo que precisamos a partir de ahora es hacer la fusión del rojo (justicia social) con el verde (recuperación del medio ambiente) mediante el impulso de políticas públicas responsables y la movilización del ciudadano, en el sentido de tornar las ciudades más justas, con espacios y equipamientos públicos de calidad, garantizando el disfrute de la urbanidad, para todos!

    Uniendo la agenda de la justicia espacial, con la agenda económica y ambiental.

    Urbanismo y economía serán más relevantes. Ya lo eran antes de la pandemia y serán más todavía a partir de ahora.

    Y esta crisis viene a evidenciar los dispositivos existentes instituidos, como ineficientes para enfrentar las demandas de la ciudad y la sociedad divididas. Hay necesidad de repensar todo, haciendo la ecología de las “malas ideas”, como se hace la ecología de las malas hierbas.

    A prendimos a partir de la pandemia, el nuevo significado del término “globalización”: quiere decir, diseminación planetaria inmediata de la contaminación en todo el planeta.

    Y junto con eso, se reveló toda la amplitud de la devastación neoliberal: el saqueo de los recursos no renovables, la contaminación del aire, la tierra y el agua, los comportamientos ecodepredadores inducidos por el modo de producción capitalista, la falta de planeamiento, el inmediatismo y el cortoplacismo de la visión del “mercado”, la mercantilización de la salud, la exposición a crisis permanentes. En síntesis, la fragilidad del “sistema”… y de su “porvenir”…

    Hoy precisamos articular políticas públicas conectando Urbanismo, Ecología, Medio ambiente y Sociedad: esa rearticulación es la ecuación que precisamos resolver !!!

    En relación con el nuevo papel de los barrios, resignificándolos, en las grandes ciudades, precisamos:

    1. Contribuir para reducir la necesidad de los desplazamientos al centro,
    2. Complementar funciones de la ciudad,
    3. Crear nuevas centralidades a partir del trabajo (Centros de Generación de trabajo y Renta),
    4. Priorizar los trayectos a pié y en bicicleta, domesticando el automóvil,
    5. Reconvertir usos y tratar los espacios residuales; promover las huertas urbanas y comunitárias,
    6. Introducir vegetación y jardinería a escala del barrio y a escala doméstica,
    7. Reestructurar las infraestructuras locales, urbanizando los sectores informales,
    8. Construir y transformar, reforzando el caráter del lugar,
    9. Promover nuevos hábitos (ecología existencial) estimulando nuevas alianzas entre lo público y lo privado,
    10. Revisar, reconfigurando, el papel de cada barrio en función del entorno y de la lógica urbana de cada ciudad.

    Jorge Mario Jáuregui

    Rio de Janeiro, 22 de abril de 2020

    Lo Urbano, lo Habitacional, lo Social

    Toda vez que uno continúa pensando sobre la situación del mundo en este momento (y no podemos evitar de hacerlo permanentemente) surgen más temas y más interrogantes.

    Voy a comenzar hoy con el creciente malestar provocado por los comentaristas de todo tipo que exhiben su oportunismo creando dudas en la gente cuanto a la conducción de los acontecimientos, presentando falsas opciones.

    Y como cada vez más lo político, lo económico y el combate a la pandemia se interrelacionan, los opinadores de turno alarman al público (en su mayoría constituido de “gente común”) con números sombríos sobre la economía, catastróficas previsiones sociales y declaraciones de nuevos “salvadores de la patria”, en general economistas, conocidos políticos al gusto de cada medio y ahora también los “epidemiólogos” y los “científicos”, que también, de manera general, solo aumentan la angustia del oyente (salvo excepciones).

    En este cuadro, desatada la pandemia como está, es evidente que tendrá (y ya está teniendo) serias consecuencias económicas para la “salud” de cada país, especialmente economías frágiles como las latinoamericanas, que ya estaban con problemas antes de la pandemia y que ahora tienden a agravarse. En ese sentido, tendrán que ser reestructurados el Mercosur y el vínculo con todos los demás países de América del Sur, América Central, Caribe y México, para fortalecer la región, actuando colaborativamente entre todos los Bancos Centrales de cada país. Creando además nuevos acuerdos de colaboración no solo en lo relativo a la salud, sino también en ciencia, tecnología, investigación, producción, energía, etc. Habrá que ver como cada país reacciona, a partir de la orientación político-ideológica de sus gobernantes, con medidas favorables al conjunto de la población, o con “salidas” que favorezcan a los privilegiados de siempre. Por eso la relación entre lo político, lo económico y la pandemia es fundamentalmente política y ética. Y el tiempo es un factor cualitativo especialmente en este momento.

    Hay una dificultad de pensar en estas circunstancias, por la gran cantidad de incógnitas y de variables en juego.

    La falsa alternativa entre “salud” o “economía”, continúa vigente en los medios. La dicotomía presentada por algunos políticos, grandes empresarios y los medios, es falsa. Y aquí cabe destacar lo que dijo una autoridad del gobierno de Portugal en estos días: los bancos deberían establecer lucro cero para 2020 y 2021, no solo no beneficiándose de la desgracia de la mayoría de los ciudadanos, sino ayudando a recuperar los países donde actúan o donde obtienen sus ganancias.

    La programación de la vuelta a las actividades es toda una cuestión. Obviamente debería ser una vuelta “organizada” y con las medidas de precaución recomendadas: mascarillas, guantes, distancias necesarias a ser mantenidas, higiene de todos los lugares de contacto y, sobre todo, la disponibilización de tests inmediatos.

    Para los tres sectores de la sociedad actual: los confinados (con sus diversas circunstancias), los enfermos (en todas sus variables) y los que están en la línea de frente (los que corren mayores riesgos) lo que interesa principalmente es cómo ecuacionar el retorno a una “normalidad” que será necesariamente diferente del momento anterior a la pandemia y que abre enormes interrogantes.

    También hay que agregar ahora el malestar habitacional que no es que no existiera antes de la pandemia, pero que adquiere nueva importancia, significado y dramaticidad. Y que abarca múltiples temas que van de lo político a las cuestiones de género, de lo funcional a lo económico, de lo individual a lo familiar, de la salud (física y mental) a la relación con el entorno, de las consecuencias de lo privado en la esfera pública, etc.

    Lo urbano y lo habitacional (repensar la forma de continuar construyendo las ciudades y en las ciudades) están sin duda entre los grandes desafíos del siglo XXI.

    Precisamos avanzar en relación con:

    - El combate al urban sprawl y realizar una reforma urbana consistente,
    - El nuevo papel de los barrios en las ciudades, post pandemia,
    - Generar nuevos centros de vida ciudadana, estructurados a partir del trabajo,
    - Calificar las periferias; urbanizar las áreas informales,
    - Resignificar los espacios públicos,
    - Equilibrar la relación masa verde-masa construida,
    - Repensar el concepto de habitación y resignificar lo construido,
    - Pensar nuevos tipos de unidades habitacionales más allá de la lógica “mercadológica”,
    - Realizar muchos más “experimentos” urbanos y habitacionales,
    - Crear nuevas alianzas entre lo público y lo privado.

    Jorge Mario Jáuregui

    Rio de Janeiro, 14 de abril de 2020

    En primer lugar, reafirmo la constatación de que “hasta ahora”, la mayor parte de la gente, en la gran mayoría de los países, se comportó de manera responsable frente a la pandemia (más allá de algunos gobiernos, liderazgos políticos y económicos, instituciones bancarias y grupos de ciudadanos, irresponsables) aunque tan solo sea por “instinto de conservación”, pero, aun así, constituyendo un hecho positivo.

    Cada país (a falta de una instancia superior organizada planetariamente) de acuerdo con sus características específicas, deberá elaborar ahora sus respuestas teniendo la calidad y la equidad como punto central de las soluciones. Desde mi percepción, resurgirá ahora lo regional con mucha más importancia de la que ya tenía. Adecuación a las condiciones climáticas con bajo consumo de energía, producción y utilización prioritaria de materiales de su región, preservación/recuperación de la naturaleza y de las fuentes de recursos, reconversión de las matrices energéticas, aceleración de la investigación de nuevas tecnologías, creación de nuevas fuentes de trabajo, creación de ambientes saludables para la vida, el trabajo y el esparcimiento, reequilibrio de la relación masa verde-masa construida, creación de entornos urbanos amistosos, agradables y seguros para los seres humanos, entre otros factores.

    Está también colocada a partir de ahora una discusión, que deberá ser prolongada, envolviendo individuo, sociedad y Estado, sobre el tema de la “vigilancia”, que tiene que ver con la relación público-privado. Se abrió una brecha para que “pasen” todo tipo de medidas restrictivas de la privacidad, en nombre de “el bienestar de todos”. Pero esta discusión deberá ser realizada afirmando al mismo tiempo el individuo y la búsqueda de un sentido de comunidad política, teniendo al Estado como garantía de un nuevo pluralismo identitário renegociable, donde la Constitución podrá tener que ser periódicamente revisada.

    Al mismo tiempo hay un apagamiento del horizonte de expectativas; la sociedad en su conjunto queda hoy “desnorteada”. Flota una sensación de futuro más incierto que nunca. Lo que impone repensar y reorientar los hábitos de una gran parte de la población del planeta. Incluyendo los hábitos de manejo de “la cosa pública”.

    Junto con lo anterior, queda claro que ahora deberá ser considerada simultáneamente la multidimensionalidad de los problemas que comprenden: los aspectos de salud pública en lo urbano, los efectos del cambio climático especialmente en las ciudades, la necesaria ecología existencial, lo estratégico y lo táctico como cuestiones entrelazadas, y el sentido para el cual apunten las medidas a ser tomadas, en sus diversas escalas.

    Respecto a “lo urbano”, es decir al ambiente socio-espacial que está siendo materializado, se coloca con toda evidencia la necesidad de repensar los paradigmas reorientando metas, esfuerzos y recursos. Considerando que la ciudad es mucho más que un conjunto de propiedades individuales independientes.
    Específicamente en lo referido a las condiciones de habitabilidad, habrá que hacer los análisis serios correspondientes, pos-pandemia, que incluirá la revisión de los estándares vigentes hasta este momento, respecto a varias cuestiones incluyendo las “dimensiones” de las unidades habitacionales (ciertamente colectivas). Caetano Veloso tiene una canción que habla de que “tamaño no es documento”, lo que nos incita a pensar en las relaciones entre área construida y áreas comunes (a partir de ahora con condiciones de ser programadas para ser usadas secuencialmente también de forma individual por los habitantes de cada edificación) considerando de una nueva manera las condiciones de salud cuanto a iluminación, ventilación, privacidad y relación interior-exterior. En lo que respecta a los barrios populares y las favelas existentes, donde muchas de estas condiciones no pueden ser cumplidas, una medida posible que está siendo implementada es establecer cuarentenas barriales definiendo espacios para actividades controladas por las propias organizaciones comunitarias, que han tenido una buena respuesta. Pero hay que avanzar mucho más. Eso fue impuesto por la urgencia de respuestas inmediatas; habrá que ir mucho más lejos al pensar sobre la habitabilidad, repensando las relaciones entre acciones individuales y consecuencias colectivas.

    Por lo tanto, no se trata más de “pensar con el deseo”, sino de tomar las decisiones necesarias provocando el desplazamiento de los incompetentes del comando de las acciones, considerando que la desterritorialización generalizada producto de la globalización, también abre brechas en el campo de los posibles. Y en ese sentido, inducir la convergencia hacia un multilateralismo en el plano internacional.

    Jorge Mario Jáuregui

    Rio de Janeiro, 7 de abril de 2020

    A partir del cambio radical de condiciones en el mundo, quisiera contribuir para un diálogo con estas reflexiones iniciales. Reflexiones de alguien que observa, analiza, interpreta y trata de “desconfinarse” mentalmente.

    Voy a comenzar tomando tres aspectos que considero fundamentales en este momento, lo político, lo económico-productivo-tecnológico y la subjetividad.

    En el primero, lo político, vemos diariamente en los medios en general (de todo tipo) llamados a la cordura comportamental.

    Pero la crisis también puso en evidencia la falta total de una coordinación internacional de acciones, siendo esto, desde mi punto de vista, lo más grave, la incapacidad de una acción común. Lo que más se vio fue un aislamiento nazionalista.

    Primó demasiado el “sálvese quien pueda”, con poca solidaridad (o ninguna) internacional.

    Vimos como el “pensamiento” economicista ofuscó el razonamiento de la mayoría de los países. Fue colocada una falsa alternativa entre “lo económico” y la vida. Hipótesis, obviamente, individualista, mezquina y errónea.

    Por otro lado, esta crisis también está mostrando actitudes solidarias tanto individuales como colectivas, junto con individualismos y egoísmos feroces, destructivos.

    En un texto de Deleuze en italiano, él se refiere a que a veces “manca il popolo”. Diciendo que en determinadas circunstacias “se il popolo manca, io posso essere il popolo. Perché, se il popolo manca, se si scinde in minoranze, sono io in primo luogo a essere un popolo; il popolo dei miei atomi, il popolo delle mie arterie”. Obviamente, Deleuze no se estaba refiriendo a algo como lo que sucede en el momento actual en el planeta, que es de otra “naturaleza”, pero creo que ayuda a pensar, nos incita a pensar.

    Frente a la falta de una “inteligencia de liderazgo planetario”, una ecología existencial se torna imprescindible.

    Hay una cuestión fundamental colocada con toda su fuerza en este momento, la relativa al rol del Estado y su función insustituible, contra todo lo que preconizaba el neoliberalismo. Esto creo que queda bien claro ahora. A pesar de lo que conservadores reaccionarios todavía balbucean (sabemos que hay también conservadores serios que es necesario escuchar) quedó evidente la necesidad de un Estado articulador, al cual nosotros, arquitectos y urbanistas, junto a todos aquellos del campo de las ciencias sociales que actúan en la salud, la educación, la filosofía y el psicoanálisis, debemos contribuir para apuntalar políticas públicas responsables.

    Y está claro también que es necesario capacidad para liderar los procesos.

    Un tema adicional lo constituye el de la escala de los problemas. Quedó demostrado que no es posible manejarse a escala planetaria desde la lógica limitada de cada país. Como tampoco es posible inducir la infinita variedad de las conductas individuales, solamente dependiendo de la tecnología, de las “redes sociales”, que también contribuyen a la “negligencia de las probabilidades” mediante la confusión de las informaciones, de las “noticias”, de la sobreinformación. Es necesario combatir la ignorancia y la desinformación y estimular el espíritu de colaboración y confianza entre los ciudadanos y entre los países. Es evidente la falta de instancias capaces de coordinar lo global con lo local y lo colectivo. Y eso no fue hecho de la manera necesaria.

    En relación con lo económico-productivo-social, debemos considerar simultáneamente la crisis del modo de acumulación de capital (que comprende “el colapso de la espiral de acumulación infinita” a la que se refiere David Harvey, y la financierización de la vida), el modo vigente de producción y consumo irresponsables, los comportamientos sociales tipo “gado feliz” de una gran parte de la población del planeta (vamos a viajar, vamos a consumir “porque está barato”) y el desarrollo tecnológico que substituye trabajo humano por máquinas, sin pensar alternativas, en todas las áreas de producción, tanto en la industria como en los servicios y en el campo.

    Este conjunto de factores combinados, ligados a la extendida urbanización del planeta y a la cría industrial intensiva de animales confinados (que además de ser una barbarie es fuente de producción de virus) es bastante preocupante. Queda evidente la falta de relación entre “desarrollo”, “progreso”, “crecimiento” y condición humana. Está claro que esos paradigmas no sirven más. Hay un gap en la relación entre individuo, sociedad y “sistema” (¿cuál sistema?).

    En las últimas décadas, el neoliberalismo ha exacerbado las conductas individualistas competitivas, la meritocracia. Hay que hacer un giro radical, sin duda. Este es un momento para la reflexión, la autocrítica y la revisión-redireccionamiento. Tanto en lo individual cuanto en lo colectivo y en lo que se refiere a las políticas públicas.

    Cuanto a la subjetividad, la primera constatación es la reconsideración de la relación con el tiempo, que las circunstancias imponen. El tiempo quedó sin parámetro. Se interrumpió lo cronológico habitual. Hay una “suspensión” temporal. Que abre interrogantes. Y aquí viene la pregunta: ¿Cuál es nuestra “contribución” al estado de cosas?

    La subjetividad de nuestra época saldrá profundamente afectada.

    También está claro que no se trata solo de lo racionalmente correcto. Están en juego la ética y el deseo. Como ya expuse en otros textos, de acuerdo con el psicoanálisis, se trata justamente de no ceder del deseo. Deseo que es siempre de otra cosa.

    Y aquí vuelvo a la cuestión de Freud: ¿Pulsión de vida o pulsión de muerte? La respuesta continua siempre en abierto…

    Y, finalmente, no coincido con los “optimismos” en esto de que haya “servido” para estrechar lazos familiares, sociales, de amistad, etc. (vean al respecto lo que dice Massimo Cacciari en su texto “la casa è un inferno” en estos días). Junto con eso aparece la desagregación, el exhibicionismo de todo tipo de “especialistas” y opinadores; inconsecuencias, el abandono y la indiferencia…con espasmos de “alegría” forzada para “animar e informar a la gente” …

    en el mejor de los casos…

    Jorge Mario Jáuregui